Recuerdo cuando primero escuché sobre esta clase. Mi amiga Fernanda estaba en la parada del autobús que nos llevaba a nuestro trabajo mirando concentrada a algo en su regazo. Mientras me dirigía hacia ella, me di cuenta que era un dibujo. Ahora no recuerdo que exactamente estaba dibujando pero sí recuerdo que me explicó que era para una clase. Una clase en la que cantaban...pintaban...dibujaban...creaban. Que cada semana tenían que entregar un proyecto que expresara lo que se te viniera a la mente, lo que deseabas. Yo quedé fascinada en que tal clase existiera aquí, en esta universidad. Después de aquel día, recuerdo que cada jueves la miraba que se ponía a dibujar, colorear, crear en el autobús rumbo a nuestro trabajo y le preguntaba de qué tenía que hacer para esa semana.
Después de ese semestre, recuerdo que pasó mucho tiempo desde que escuché de esa clase. Casi un año. Fue casi un año después que escuché que otra amiga estaba recomendando que otros tomaran esta clase. Al darme cuenta que era la misma clase, recuerdo, el regreso de todas las memorias de aquellos jueves en el autobús. Yo, que necesitaba unidades y que no encontraba clases que cooperaran con mi horario, decidí aplicar. Sin embargo, recuerdo que me intimidé cuando me enteré que para inscribirse se tenía que mandar un correo electrónico explicando quien éramos, de dónde veníamos, qué experiencia teníamos en arte y/o música, qué esperábamos en tomar esta clase y proveer un portfolio de unos cuantos proyectos de arte que habíamos hecho anteriormente. Yo nunca había tomado una clase de arte porque en mi secundaria tomé música para satisfacer este requerimiento. Me preguntaba y pensaba, ¿por qué no tomé arte? Ahora no voy a poder entrar a esta clase...
Recuerdo cuando hice mi segundo proyecto más que mi primero...recuerdo, porque esa noche lloré. Lloré de frustración al mirar mi proyecto como un fracaso. Lloré porque me sentía impotente, me sentía incapaz de crear pinturas, dibujos, bosquejos que orgullosamente mostrara a los demás como míos, como reflejo de mis habilidades. Lloré porque me daba pena tener que al día siguiente presentar ante todos ese proyecto como mío. Este proyecto a que otros habían llamado, entre tantas cosas, "exorcista" "bruja" "demonio"....
Hoy, estos recuerdos sirven para enseñarme cuanto he crecido gracias a esta clase. Hubo unas cuantas veces en que casi me daba por vencida, que cuestionaba el propósito de haberme inscrito en una clase donde no sobresalía, o donde tan siquiera me sentía capaz de lo básico. A pesar de todo eso, no me di por vencida y decidí explorar diferentes maneras para encontrar un medio en el cual me sintiera cómoda, capaz y en paz para poder expresarme libremente y orgullosamente. Gracias a esta clase es que puedo decir que el arte formó parte de mi experiencia. Gracias a esta clase es que el arte forma parte de mi.






